En el último año, la devaluación fue del 74%

A mediados de agosto del 2017, el dólar cotizaba a $17,55. Hoy cerró a $30,5 para la venta. En lo que va del 2018, la depreciación del peso fue del 61%, con un traslado fuerte a precios.

“La turbulencia cambiaria la consideramos superada”, señaló Mauricio Macri en una conferencia de prensa el pasado 16 de mayo. El Gobierno nacional negociaba entonces un acuerdo con el FMI, tras una fuerte corrida hacia el dólar. Tres meses después, la tensión financiera sigue presente. En el último año, la devaluación del peso fue del 74%, y en el curso del 2018, la divisa norteamericana creció un 61%.

Desde la semana pasada, la plaza cambiaria volvió a vivir días de agitación. Para el oficialismo, la nueva escalada del dólar se explica por la crisis en Turquía y la huida de capitales de los grandes fondos de inversión de los mercados emergentes. Para la oposición, la devaluación es la consecuencia de un modelo económico inconsistente, que facilita la fuga de divisas y tiene cada vez más para enfrentar los vencimientos de deuda futuros, lo cual produce una fuerte desconfianza en los inversores.

Sea cual sea la explicación correcta, lo cierto es que hoy el dólar cerró a $30,5, un nivel récord. A mediados de agosto del 2017, hace un año, la divisa estadounidense estaba a $17,55. Es decir, en los últimos 365 hubo una depreciación del peso del 74%.

La paz cambiaria se quebró a partir de la célebre conferencia de prensa del 28 de diciembre pasado, cuando la plana mayor del equipo económico más el jefe de Gabinete, Marcos Peña, anunciaron un relajamiento en la meta de inflación del 2018 (que bajaría al 15%) y un descenso de la tasa de interés fijada por el Banco Central. Para el mercado, la escenografía implicó una pérdida de independencia de Federico Sturzengger, por entonces banquero central, y un indicio de que se dejarían de usar las altas tasas de interés como un ancla del tipo de cambio.

El resto del verano, el Ministerio de Finanzas tuvo severos obstáculos para colocar deuda denominada en dólares en el extranjero. Esto encendió una señal de alarma en el mundo financiero: el Gobierno tenía cada vez más dificultades para financiar sus desequilibrios internos y externos. Comenzó así una huida de capitales, que migraron hacia destinos más seguros.

Este desplazamiento fue enfrentado, en un principio, con ventas de dólares por parte del Banco Central. Pero la estrategia duró poco y le hizo perder al país miles de millones de dólares, al tiempo que no se contuvo el nivel del dólar. Tras una devaluación de $20 a $25 entre fines de abril y principios de mayo, Macri decidió acudir al FMI.

El Gobierno acordó con el Fondo un programa de ajuste fiscal para reequilibrar las cuentas públicas y recuperar la confianza de los inversores. En el medio, sin embargo, la aceleración de la inflación y la caída de la actividad agregaron más dudas sobre la consistencia del rumbo económico de Cambiemos. Este lunes, justo cuando llegó una delegación del FMI para supervisar los números del Gobierno, el dólar volvió a dispararse. La “tormenta” financiera no cesa y la administración de Cambiemos quedó envuelta en un complejo panorama económico.

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